Hoy nos recrearemos en una fantasía veraniega ideal: la vieja tradición de “hacer acopio” de botes y tarros. ¿Qué sería el verano sin la contemplación de las conservas, los productos en salmuera, enlatados, confitados, conservados en coñac y los fabulosos productos comestibles que no pueden faltar en una nutrida despensa?
Al igual que los armarios de ropa blanca perfumados, una nutrida despensa ha sido siempre una pasión femenina. ¿Existían estantes de piedra en las cuevas prehistóricas de Gargas? Sin duda. ¿Dónde iban sino a conservar una pierna salada de jabalí? Veinte mil años más tarde, las mujeres victorianas elevaron el hecho de crear una despensa a un esotérico arte, inspiradas por las luminosas descripciones de la literatura doméstica referente a espaciosos cajones, alacenas y recipientes lo suficientemente grandes para guardar en ellos en la harina de maíz y harina de trigo integral; grandes fresqueras donde conservar bandejas de pavo frío; y estantes llenos de deliciosos y atrayentes tarros de conserva.
Toda mujer debería conocer el placer sublime de admirar unos resplandecientes tarros adornados con una diminuta bufanda floral y un gorrito blanco de ganchillo. Pero, ¿por dónde empezar? (...)
No, no insinúo que deberías colocar un centenar de tarros de mermelada de calabacines en una atestada cocina del tamaño de una caja de zapatos.
Lo que sugiero es que seguramente hallarás tanto placer como yo en crear tus propias rosquillas, tomates madurados al sol y deshidratados (...), conserva de arándanos con especias, vinagres con aroma a frutas y miel de fruta –que no es miel sino una maravillosa mezcla entre un almíbar y una confitura que resulta deliciosa sobre tortitas, bollos o ingerida a cucharadas.
Ahora bien, si (...), todavía te resistes a llenar tu despensa con los frutos de tus esfuerzos, no te desanimes. Algunos veranos prefiero dedicarme a la vida contemplativa que a preparar conservas, pero siempre tengo una despensa bien nutrida.
Así pues, visita un mercadillo de productos artesanales y llena tu despensa con los comestibles que otras emprendedoras mujeres han preparado en conserva para gente perezosa como nosotras. Compra un pedazo de tela estampada a cuadritos o pequeñas flores y corta unos círculos para colocarlos en las tapas de tus confituras, mermeladas y chutney, sujetos con una cinta o un cordón de rafia o pasamanería. Puedes conseguir unas bonitas etiquetas en una papelería o un establecimiento de artículos para el hogar. Cuando me marcho fuera de vacaciones aprovecho para comparar las conservas que preparan en otras zonas del país.
Helen Witty (autora de Fancy Pantry, un libro indispensable, insustituible e irresistible) opina que “todo el mundo debería tener una despensa, por modesta que sea”, opinión que comparto totalmente.

0 comentarios:
Publicar un comentario