“Adivina quién viene a cenar”, por Sarah Ban Breatnach


“Muy pronto aprendí que poner la mesa significa más que depositar en ella los cuchillos y los tenedores. Implica crear un decorado para la comida y la conversación, preparar un clima y una atmósfera que subsistan mucho después de que se haya olvidado lo que se sirvió y lo que se comentó” Peri Wolfman

Cuando preparamos una comida, en lo último que pensamos, excepto cuando esperamos invitados, es en cómo poner la mesa. Para los invitados sacamos la vajilla nueva, la cristalería y los manteles, pero para nosotras, en lo cotidiano el aspecto deja de tener importancia: con esto servirá. Sí, con esto ya basta, si es lo único que tienes. Pero si cuando no estás obligada eliges continuamente la vajilla desportillada en lugar de la de porcelana que tienes guardada con la vitrina, entonces con eso no bastará.

Los ritos de la nutrición exigen los cálices de la comunión, los platos especiales donde partir el pan, la llama de la vela, el círculo dibujado de la tierra. El ritual protege y cura, el ritual simboliza para aquellos que se acercan a tu mesa en busca de reposo y renovación que se hallan encerrados en un espacio sagrado.

Es posible que pienses que tan sólo preparas un sitio en la mesa para cenar, pero cuando confías en tus impulsos creativos para realizar algo bello y los sigues, experimentas lo sagrado en lo cotidiano. (...) Nosotras no necesitamos buscar más allá de nuestras mesas, las mesas que en los salmos hebreos nos dicen que ya tenemos preparadas para que puedan llenarnos la copa.

“Cuando rememoro nuestras comidas en familia, no es el sabor ni el olor de la comida lo que recuerdo, sino el aspecto del entorno –recuerda Peri Wolfman-. El ambiente de la mesa, la pátina de la madera, los candelabros, los colores, la sensación de armonía y orden”

Hoy, la forma de agasajar a nuestros invitados se ha vuelto más informal que los manteles almidonados y la reluciente cubertería de nuestras abuelas. Sin embargo, el sentido de la armonía que se puede lograr al poner una mesa para invitados no ha cambiado. Ni tenía por qué hacerlo. Si algo pretendemos conseguir, es más la armonía que la nutrición. Pero tampoco hace falta que cada día organicemos un festín oriental. Una hermosa mesa de pino preparada con encantadores manteles individuales a cuadros y servilletas a juego, platos de cerámica, grandes vasos de cristal para el agua, velas votivas y un pequeño centro hecho con frutas y flores crea un entorno de sencilla abundancia que eleva el acto de comer al exquisito placer del banquete (...)

Elegir el banquete en lugar de comer simplemente es un paso pequeño pero significativo hacia el propio cuidado y algo para saborear mientras vivamos. Poner una mesa para invitados es algo factible con mayor frecuencia de la que crees, sobre todo si lo enfocas como otra posibilidad de expresión artística en tu entorno diario y limitas tus esfuerzos, tal como Peri sugiere, a “lo sencillo, lo realizable, lo permisible”.

Hoy empieza a utilizar y a disfrutar de las cosas hermosas que ya tienes a tu alrededor en la casa. No guardes sus encantos sólo para que los reconozcan y disfruten otras personas. Si las usas, te darás cuenta de que las aspiraciones auténticas –desde preparar bellamente una mesa a descubrir la vocación de tu vida- son deseos totalmente legítimos.

Esta noche tendrás compañía para cenar. ¿Adivinas quién?. Sería un salto gigantesco en la conciencia de la abundancia si, cuando tu yo auténtico visite tu mesa, encuentre que las generosas raciones de amor, respeto y agasajo que tanto se merece, se las sirven en la vajilla más hermosa que posees.

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