

Al igual que tantas recetas, el nacimiento de las madeleines se pierde un poco en la leyenda, y todo el mundo quiere atribuir su origen a algún antepasado, de tal modo que si la tatarabuela de alguien se llamaba Madeleine, cree poder reclamar su autoría ... Yo en particular no tengo ninguna ascendiente con ese nombre ...
Según una de las versiones, en el siglo XVII, Jean-François Paul de Gondi, más conocido como el Cardenal de Retz, se había exiliado en la tierra de Commercy. En 1661, su cocinero (Madeleine Simonin) tuvo la idea de cambiar la masa de buñuelos. Un siglo más tarde, otro famoso exiliado Stanislas Leszczynski se relanzaría en el empeño.
Según otra versión, la Madeleine nació en las cocinas de Stanislas Leszczynsky cerca de 1750.
Otros historiadores atribuyen su invención a uno de los chefs de Talleyrand.
Según otras fuentes inciertas, la Madeleine se remontan al origen de la fiesta de Saint-Jacques de Compostela, donde una niña llamada Madeleine, habría ofrecido a los peregrinos a una torta de hueva, moldeado en una coquille Saint-Jacques (que es el emblema de la peregrinación).
Para el Diccionario de la Academia Española, la palabra deriva del nombre de pila de "Madeleine Paumier, cocinera francesa a la que se atribuye la invención".Documentada en nuestra lengua a mediados del siglo XIX, magdalena es el correspondiente español del francés madeleine, cuyos ejemplos de uso se remontan a la segunda parte del siglo XVIII y a principios del siglo XIX. De La Reynière atribuye a Madeleine Plumier, anciana cocinera de Madame Perrotin de Barmond, solo la receta del postre, no el origen del sustantivo común. El Trésor de la lengue française afirma que este procede del nombre propio Madeleine, “por razones desconocidas”.
Desde fines del siglo XIX hasta vísperas de la Segunda Guerra Mundial, los pasajeros de la línea férrea que pasa por Commercy se apresuraban a las puertas de los coches para contemplar el inusual espectáculo de las vendedores magdalenas llevar grandes cestas de mimbre, en el medio de la multitud de
la estación de Commercy y gritando el nombre del comerciante.
Escribe Proust: «Mandó mi madre por uno de esos bollos cortos y abultados que llaman magdalenas, y parecen tienen por molde una concha de peregrino. Al llevar a los labios una cucharada de té en la que había echado pedacitos del bollo, y el trago tocó mi paladar, sentí algo extraordinario en el interior; un placer delicioso me invadió y me aisló sin noción de qué lo causaba. Cuando nada subsiste del pasado, cuando han muerto los seres y se han derrumbado las cosas, perduran más persistentes y más fieles que nunca el olor y el sabor sobre las ruinas de todo». Nada se puede ni se debe añadir. Sólo que las magdalenas francesas suelen tener –lo dice el genio del Tiempo Perdido– forma de concha peregrina o de barca, aunque ingredientes, gusto y textura apenas varían.
Tradicionalmente la composición contaba con huevos, azúcar, harina y mantequilla a partes iguales.
Según una de las versiones, en el siglo XVII, Jean-François Paul de Gondi, más conocido como el Cardenal de Retz, se había exiliado en la tierra de Commercy. En 1661, su cocinero (Madeleine Simonin) tuvo la idea de cambiar la masa de buñuelos. Un siglo más tarde, otro famoso exiliado Stanislas Leszczynski se relanzaría en el empeño.
Según otra versión, la Madeleine nació en las cocinas de Stanislas Leszczynsky cerca de 1750.
Otros historiadores atribuyen su invención a uno de los chefs de Talleyrand.
Según otras fuentes inciertas, la Madeleine se remontan al origen de la fiesta de Saint-Jacques de Compostela, donde una niña llamada Madeleine, habría ofrecido a los peregrinos a una torta de hueva, moldeado en una coquille Saint-Jacques (que es el emblema de la peregrinación).
Para el Diccionario de la Academia Española, la palabra deriva del nombre de pila de "Madeleine Paumier, cocinera francesa a la que se atribuye la invención".Documentada en nuestra lengua a mediados del siglo XIX, magdalena es el correspondiente español del francés madeleine, cuyos ejemplos de uso se remontan a la segunda parte del siglo XVIII y a principios del siglo XIX. De La Reynière atribuye a Madeleine Plumier, anciana cocinera de Madame Perrotin de Barmond, solo la receta del postre, no el origen del sustantivo común. El Trésor de la lengue française afirma que este procede del nombre propio Madeleine, “por razones desconocidas”.
Desde fines del siglo XIX hasta vísperas de la Segunda Guerra Mundial, los pasajeros de la línea férrea que pasa por Commercy se apresuraban a las puertas de los coches para contemplar el inusual espectáculo de las vendedores magdalenas llevar grandes cestas de mimbre, en el medio de la multitud de
la estación de Commercy y gritando el nombre del comerciante.
Escribe Proust: «Mandó mi madre por uno de esos bollos cortos y abultados que llaman magdalenas, y parecen tienen por molde una concha de peregrino. Al llevar a los labios una cucharada de té en la que había echado pedacitos del bollo, y el trago tocó mi paladar, sentí algo extraordinario en el interior; un placer delicioso me invadió y me aisló sin noción de qué lo causaba. Cuando nada subsiste del pasado, cuando han muerto los seres y se han derrumbado las cosas, perduran más persistentes y más fieles que nunca el olor y el sabor sobre las ruinas de todo». Nada se puede ni se debe añadir. Sólo que las magdalenas francesas suelen tener –lo dice el genio del Tiempo Perdido– forma de concha peregrina o de barca, aunque ingredientes, gusto y textura apenas varían.
Tradicionalmente la composición contaba con huevos, azúcar, harina y mantequilla a partes iguales.
Mi receta:
Batir hasta que blanquee y espese: 4 huevos + 125 gr. de azúcar glass + ralladura de 1 limón
Incorporar suavemente 62,5 gr. de harina + 1 cucharadita de levadura –5 ml.- + pizca sal
Incorporar por un ladito 62,5 gr. de mantequilla líquida y tibia.
Incorporar suavemente 62,5 gr. de harina
Incorporar por un ladito 62,5 gr. de mantequilla líquida y tibia.
Tapar y dejar en la nevera 45 minutos: esto confiere a las magdalenas una textura densa exquisita.
Llenar moldes a 2/3.
200º, 15 minutos.
Enfriar sobre rejilla.
Batir hasta que blanquee y espese: 4 huevos + 125 gr. de azúcar glass + ralladura de 1 limón
Incorporar suavemente 62,5 gr. de harina + 1 cucharadita de levadura –5 ml.- + pizca sal
Incorporar por un ladito 62,5 gr. de mantequilla líquida y tibia.
Incorporar suavemente 62,5 gr. de harina
Incorporar por un ladito 62,5 gr. de mantequilla líquida y tibia.
Tapar y dejar en la nevera 45 minutos: esto confiere a las magdalenas una textura densa exquisita.
Llenar moldes a 2/3.
200º, 15 minutos.
Enfriar sobre rejilla.
(El peso stándar son 25 gr.)


Hola Calohe, mira tengo unas dudas, repites varias veces "incorporar harina y mantequilla", ¿son errores o es que añades poco a poco los ingredientes? Supongo que es así y al final añades, como dices, todo a partes iguales ¿verdad?
ResponderEliminarUn saludo cocinera.
Hola Javi,
ResponderEliminaren esta receta los ingredientes se van integrando "a pocos".
Un saludo.
En mi paseo mañanero, recuerdo el olor de tu cocina y regreso. No me gusta mucho el chocolate, así que decido seguir ojeando tu cuaderno mientras trasteas colocando almendras, nueces y pasas sobre el dulce negro.
ResponderEliminarY de repente, al dar la vuelta a una página, un rayo de luz entra, toca y colorea tu receta de magdalenas, dibujándome un ¡oh! en los labios. Me apropio de la cita de Proust, y sé que aunque el día continúe así de gris y lluvioso, el olor, la visión y el sabor de tus bizcochos permanecerán en un lugar de mi memoria visual y de mi paladar imaginario, alegrándolo.
Me apetece una magdalena. No sé hacerlas. Me apetece releer a Proust. Eso sí puedo.
Un beso
Muchas gracias!!!
ResponderEliminar