


He estado "ordenándome" de cara al nuevo año que comienza: revisando armarios, haciendo tareas anuales, colocando papeles, ..., y ahora con todo en orden, ya puedo disponer de tiempo para este entretenimiento tan grato que es la cocina.
Debo decir que esta receta la he hecho pensando en Adormidera (del precioso blog "Entre la vida y la cocina"), que "pedía a gritos" una receta salada. Pero la avisé: "será salada pero contundente, que es lo mío" (ja, ja). Me encantan los pasteles salados y éste no me ha decepcionado.
El nombre francés de este plato es engañoso, ya que no se trata de una sopa, sino de un plato tradicional de queso al horno, muy reconfortante, de la región de Auvergne. Es perfecto como plato fuerte, acompañado de una ensalada verde.
Recuerdo la primera vez que probé un queso los "azules" (un cabrales, concretamente). Tenía veintiún años y hasta entonces su sólo olor me "tiraba para atrás". Pero Antón fue capaz de persuadirme para ir a una tasca a probarlo..., así fue como poco a poco me hice adicta. Experiencias gastronómicas similares las tuve con la nata montada y otros.
Preparación:
Sofreir en una sartén 2 dientes de ajo y 4 cebollas rojas.
Agregar 200 ml. de vino blanco seco y 200 ml. de caldo de verduras o de carne. Llevar a ebullición y reservar.
Cortar un pan payés de unos 600 gr. en 12 rebanadas. Tostar y reservar.
Engrasar un molde tipo brownie.
Disponer una capa de pan.
Por encima tomate loncheado (en total se precisarán 6 piezas medianas)
Espolvorear albahaca fresca troceada.
100 gr. de queso Saint Agur, roquefort o azul, cortado en lonchas o desmenuzado.
Salpimentar.
Repetir el proceso y terminar con una capa de pan.
Verter la mezcla de cebolla y caldo.
Espolvorear con 100 gr. de queso.
15 mn. en horno a 200º.
Servir caliente.
Fuente: Joanne Harris

Y yo sin saber porque la gente es tan reacia al queso Cabrales con lo rico que está jajajjajaja
ResponderEliminarAunque a lo que vamos..... cuando leí el título "Soupe" ya me iba, porque no soy nada sopera, pero al ver la foto... me era extraña y mira que bien he hecho en leérmela todita.
Contundente pero seguro deliciosa.
Un saludillo
jajajajajajaj, ¡¡¡y tan contundente!!!
ResponderEliminarPero, ¿qué quieres que te diga?, si es que el salado me puede.
A mí tampoco me gustaron nunca los quesos fuertes. En mi casa por supuesto no se compraban quesos sino los frescos que hacía mi madre, y hasta los que hacía mi abuela, por llevar más suero, se quedaban sin comer.
Ya un queso azul hubiera sido motivo de arcada de sólo plantearlo.
Sin embargo algo que se gana con los años es apertura. Y afortunadamente seguí intentando después de mi primera experiencia con Cabrales, en una tasca asturiana junto al río que me había invitado un amigo, en Madrid.
Recuerdo que me llevaba de la mano por su espacios de "hombre de mundo", como quien lleva a una niña pequeña (y no sólo por la diferencia de edad). También que lo suavizó fabricándome un rápido paté al mezclarlo con sidra. El pan crujiente, el calor del horno dentro, el frio febrero en la ciudad... y se hizo la magia. Me encantó.
Después de eso, siempre miré los mostradores de los pobres supermercados de mi isla. Y fui probando. No puedo decir que me encanta solo, siempre tiene que ser mezclado con algo, pero me gusta... jajajajjaja, como con la nata montada, la mantequilla, los aguacates, los pimientos, el pepino, los pepinillos, la pasta.
Esta mañana me doy cuenta, cuánto he ganado al crecer.
Un besazo enorme, gracias por acordarte de mi necesidad imperiosa ya de algo salado (que sigue).
Buen día y feliz semana.
Buff vaya pinta!!!, y yo que soy asturiana imagínate la delicia que es para mí un plato que lleve queso... un manjar de dioses!!en éste caso creo que las fotos ya hablan por si solas!!un beso muy grande
ResponderEliminarQué rico tiene que estar y preparado con ese cariño que le pones tu a todo, ha de ser exquisito.
ResponderEliminarMe lo guardo con tu permiso y lo dejo en pendientes.
Besinos.
Hola Cova,
ResponderEliminaryo creo que entre el aspecto y el tema de que si tiene gusanos, es casi una proeza "atreverse" con el cabrales.., pero luego. si eres valiente y lo catas y "te engancha".
Es una pena que no te gusten las sopas pues estaba pensando en una de cebolla muy reconfortante para próximos días (ja, ja)
Besazos
Hola Adormidera,
me ha gustado la expresión de que con los años se gana en apertura y ese paté de cabrales y sidra tengo que probarlo ya...
En mi caso, quién me llevaba de la mano por sus espacios de "hombre de mundo" era Antón, la tasca estaba en Santiago y el día era un precioso domingo de invierno estudiantil... Que curioso el paralelismo!
Yo también empecé a probar quesos después de aquello.
Tengo en cuenta que sigue tu necesidad de salado, pero ya sabes aquello de que "la cabra tira al monte"
Muchos besos
Hola Martuki,
no dejes de probarlo uno de estos días de invierno en que al llegar a casa el cuerpo te pide algo reconfortante... Se monta pronto.
Besos
Hola Bego,
lo mismo te digo, haz la prueba un día frío o desapacible o las dos cosas...
Besitos
Como te va a decepcionar semejante receta si está para comérsela. Que rico!!!!!!!!!!!!!!!! Lo pruebo seguro!!!!!!!!!!!
ResponderEliminarBesotes
Jo, esta es de las que me chiflan a mi! no sólo por la procedencia y porque también soy una adicta al salado, es que la pinta, ese corte, esa combinación de colores...la imagen de verter el caldo y la cebolla humeantes sobre tanta cosa rica...Vaya que me la pido!
ResponderEliminarPUTXA EL CABRALES!!!(y el de la peral, el peñasanta, el "de hojas" y todos los maravillosos quesos azules de mi tierra)
Hola Elbereth,
ResponderEliminarfíjate que curioso que esta receta ha llamado especialmente la atención a las asturianas...
Besos